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En las actividades y gastos empresariales existe una fina línea central que las divide en dos áreas claramente diferenciadas en función de si estamos antes de que llegue el pedido del cliente o después.
Ninguna empresa tiene problemas para gastar una vez que ya tiene el pedido del cliente o que está seguro de que va a llegar. Es en ese momento cuando se hacen los grandes gastos sin mayor problema: gestión de clientes existentes, proceso de pedidos, compras, almacenes, fábricas, servicio al cliente, etc. Estos gastos se cargan al pedido en curso sin añadir riesgo a la empresa. Cuantos más gastos de este tipo mejor que mejor, todo es alegría, se puede pedir dinero a los bancos para fianciarlo, que lo prestan sin mayor problema, o los mismos proveedores dan crédito con gran alegría.
Pero hay otros gastos que se realizan sin pedido en firme para conseguir pedidos, para traer negocio o para entrar en nuevos mercados o para traer pedidos que no existen. Estos gastos son o pueden ser de ventas, marketing, I+D, inversiones de futuro o business coaching. Son estos gastos los que pueden aportar crecimiento y valor a la empresa, pero lo que sin duda añaden es precepción de riesgo, riesgo de que no se recuperen, y por eso en situaciones de crisis son los que más sufren. Muchas empresas, con miedo a la falta de caja, recortan por aquí, por su escasa confianza en conseguir nuevo negocio con la crisis, pierden la confianza y con ello creen que reducen los riesgos.
Sin embargo ésta es una visión muy simplista. Una empresa que recorta en este tipo de gastos pierde fuerza en el mercado, presencia en sus clientes, posibilidad de generar crecimiento y nuevo negocio. O sea, su posibilidad de vivir de los clientes que ya se tienen, el primer área que describíamos inicialmente, es la que acumula riesgo porque queda más desprotegida, y con ello la decisión puede producir el efecto contrario a lo que se pretende.
Entonces queda la pregunta del millón: ¿cómo se puede reducir el riesgo de la empresa en épocas de crisis como la actual? ¿cómo es posible tener una estructura de gastos más flexible que nos permita recortar en caso necesario?
Esto es claramente posible, existen decisiones que nos pueden permitir reducir el riesgo operativo de la empresa, aunque como en todo en el mundo econóico, si adoptamos estas decisiones tenemos que renunciar a algo a cambio. ¿Qué cosas podemos hacer y a qué tenemos que renuciar?
He aquí algunas medidas que se pueden tomar para reducir el riesgo:
- Cambiar activos fijos por alquileres. Permite cancelar el uso del activo fijo más fácilmente en caso de necesidad
- Cambiar empleados fijos por recursos externos: proveedores, consultores, business coaches, autónomos, etc. Son tan productivos o más que los empleados y a cambio se consigue una mayor facilidad de prescindir de ellos en caso necesario
- Aumentar y estandarizar el plazo de entrega a los clientes, nos permite recoger pedidos y tener más tiempo para realizar las compras y fabricar, reduciendo el riesgo de mantener recursos no vinculados a pedidos recibidos
- Cambiar los contratos con proveedores de forma que sean ellos los que tengan la mercancía, reduciendo con ello nuestros circulantes y reduciendo recursos comprometidos
- Reducir el número de supervisores, adoptando formas de trabajo más formas en que el personal de primer nivel tiene los objetivos más claros y procedimientos de remuneración más flexibles y basados en resultados, aumentando su formación para que sean ellos los que puedan tomar las decisiones. Aumentar la productividad mediante el uso de nuevas tecnologías, trabajo en casa y sistemas de recursos humanos más flexibles y modernos
- Alianzas o fusiones con otras empresas que nos permitan conseguir una mayor facturación y una mayor especialización en las funciones y reducción de costes por unidad vendida
Sin embargo en muchas ocasiones no se toman este tipo de medidas, y a veces es por razones muy primitivas. Una de ellas es normalmente que muchas de estas medidas van contra la necesidad de control que tiene la empresa, y el ser humano en general. Trabajar con proveedores, reducir costes fijos, supervisores, enviar a la gente a trabajar a su casa y medidas similares a las apuntadas, ponen a la empresa en una posición que no gusta en general y menos en España, la reducción del control sobre los recursos, el tenerlos más lejos que a lo que estamos acostumbados, coloca a los empresarios y a directivos en una situación a la que no están acostumbrados llegando a cuestionar su mera existencia: si no hay que controlar, si las decisiones las tomas los de abajo, ¿para qué están ellos?. Pues en mi opinión la cuestión está clara: las empresas están pagando un exceso de control que no es necesario sino más bien una costumbre, una inercia. Deberíamos cambiar a sistemas más flexibles y menos arriesgados, pero para ello habría que cambiar el papel de los empresarios y directivos actuales, reduciendo su actual papel de controladores y decisores y reduciendo su tamaño e influencia en las estructuras empresariales.


