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Todos los gobiernos hoy en día quieren fomentar la actividad emprendedora: nuevos negocios, start-ups, spin-offs, proyectos de riesgo en empresas ya establecidas, etc. Lo hacen por varias razones: buscar ocupaciones y empleos para la gente en épocas que el paro ha subido, innovar, reducir el peso del funcionariado en el mix de trabajadores y empresarios, por ser un tema atractivos políticamente, porque no se les ocurren muchas otras cosas y éstas son baratas, porque lo demandan los ciudadanos, porque se identifica mucho con las nuevas tecnologías, etc
Y de hecho las apoyan, el número de ayudas y otros apoyos públicos en países como España ha aumentado mucho, y el interés por parte de los emprendedores hacia estos instrumentos también ha aumentado. Yo diría que en estos días se puede esperar más de la administración pública que de los bancos, que tienen cerrado el grifo y no están nada interesados en cualquier cosa que represente riesgo.
Una cierta actividad en torno a las start-ups es muy saludable en el país, pero no hay que engañarse. Hablando de las tecnológicas el número de ellas que superan el primer año es muy pequeño, y las que sobreviven al cuarto año mucho más pequeño, casi insignificante. Cuando cierran “entierran” todo el dinero que los inversionistas han dedicado a las mismas, pues son ellos los que han soportado toda la historia de la empresa, gastos e inversiones. Por eso los inversores exigen a estas inversiones una rentabilidad proyectada mucho más alta que a la inversión en empresas establecidas. Es normal esperar multiplicar por 10 la inversión en unos años, sabiendo que de diez inversiones sólo sobrevivirán unas pocas, que son las que cubren la pérdida de las que no sobreviven.
Pero este tipo de inversiones, más allá de la primera etapa de inversores 3F “Family, friends and fools”, y una vez superada esta etapa, el inversor requiere un cierto grado de “profesionalización”, una forma de actuar metódica y programada que haga que distribuya sus inversiones de una forma adecuada y tenga en cuenta los mecanismo de control básicos que no se pueden ignorar. Y si no quiere o no domina la técnica de la inversión directa, mejor que se acoja a la inversión colectiva: fondos o sociedades de capital riesgo, que agrupan a varios inversores bajo una gestión unificada y que por ello y el mayor tamaño son capaces de decidir las inversiones de su cartera y ejecutar los controles con mucho mayor rigor.
Saludos,
Fausto


