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Se tiende a equiparar innovación con novedades en el aspecto de producto, y hay abundante literatura en ello, aparte de subvenciones, consultores, escuelas de negocio, departamentos de I+D, etc.
Pero independientemente del producto, creo que la innovación debe salpicar todas las áreas de las empresa: marketing, ventas, organzación, finanzas, estrategia… pero sobre todo todas aquellas áreas que tocan la relación con el cliente y el canal. Y ello es debido a la gran necesidad de aportar valor a través de la diferenciación. Nuestras formas de trabajar y especialmente los puntos de toque con el cliente deben estar sometidas a una continua necesidad de hacer las cosas de forma diferente, innovando y aportando, a la relación, de forma que podamos ser más relevantes para el cliente, darle una motivación para comprar más y con más margen, para llenar el carrito de la compra, para volver más a menudo.
¿Y cómo?
Podemos caer en la trampa de la eficiencia: más o mejor publicidad, más o mejor relaciones públicas, más o mejor ventas… Pero todo ésto tiene un rendimiento decreciente, llega un momento que el modelo se agota, y necesitamos innovar, cambiar el posicionamiento, sorprender al cliente y al canal.
La tecnología puede aportar una gran contribución al marketing, porque permite juntar nuestra imagen con aquello que es relevante y notorio para el cliente, con aquello de lo que él habla ahora, con lo que es cercano a él. Y son cosas que tenemos muy cerca, sólo tenemos que preguntar a nuestro hijos y amigos. Hoy hablan de smartphones, de pantallas planas, de Internet, de cloud computing, de twitter, de facebook, de apple… Estos son los conceptos que arrastran interés y relevancia, y no usarlos nos tarerá una imagen apolillada y poco relevante especialmente para las nuevas generaciones, cada vez más importantes en las decisiones,
Saludos, Fausto


